Aquel dos de noviembre

Aquel dos de noviembre llovía, y la verdad es que Lorena no se estaba lo que se dice muy a gusto en la parada de autobús, esperando a que viniesen a por ella, en moto.
Edu llegó media hora tarde, y cuando quiso llegar a la parada, la parte de atrás de la moto estaba mojadísima y las ruedas no se agarraban muy bien al suelo, pero todo lo referente a la moto se le olvidó nada más verla, con su precioso pelo negro empapado y unas cuantas gotas deslizándose por su pequeña cara; su cara se iluminó nada más verle, pero a los dos segundos, se entristeció pues vio que Edu solo llevaba el casco negro y se había olvidado del suyo; la verdad es que ella ya había montado muchísimas veces en la moto con Edu, pero ninguna de esas veces llovía y ninguna de esas veces el cielo estaba tan negro como podía estar ese día, aún así no la importaba, confiaba en Edu y sabía que si se agarraba bien a él no la pasaría nada.

- “Llegas tarde” dijo Lorena, con cierto reproche.
- “Lo siento, pero me he encontrado con Alberto y ya sabes, he estado con el un ratillo” dijo mientras se reía y medio cerraba los ojos, más rojos que nunca.
- “Edu, ya te vale, me has dejado tirada una vez más por tus amigos, y además ellos nunca están cuando los necesitas, no como yo, que me da igual lo que te pase, lo que necesites y cuando lo que necesites, yo estoy siempre y nunca te lo echo en cara, no como tú que para una vez que te pido un favor me dejas tirada”
- “Vale, tía, pero no me aburras anda, que estoy en mi mundo y no me apetece hablar con nadie, te podrías callar y subirte a la moto, que nos vamos al sitio ese donde quieres ir”
- “Es a que conozcas a mis primos, que creo que ya es hora, después de casi un año juntos” le replicó Lorena, mirándole con cara de tristeza.

Alberto era un chico simpático, que siempre te hacía los favores que quisieras y como quisieras, solo tenía un defecto, uno muy grande, y es que de vez en cuando, cada vez con más frecuencia, fumaba “maría”, y él lo achacaba todo a la culpa de su padre; pero el peor problema de Alberto, era que sabía lo que hacía, pero no sabía que poco a poco introducía a la mayoría de sus amigos en su mundo, en su propio mundo como decía él cada vez que estaba como dormido.

Lorena había quedado a las ocho en la plaza de los Leones, con sus primos para que Edu les conociese; estaba segura de que les caería genial, porque para Lorena, Edu era el chico perfecto, el chico inimitable e inmejorable.

- “Edu, písale más que no llegamos a tiempo, que he quedado con ellos a las ocho y son casi las ocho y cuarto” dijo Lorena, con muchas prisas, para que sus primos no se pensaran que ella y Edu eran unos impuntuales o que se habían olvidado de la cita
- “No te pongas pesadita Lorena, que porque lleguemos un rato tarde, tampoco les va a pasar a nada”

Lorena, cerró los ojos y dejo de abrazar a Edu tan fuerte como lo estaba haciendo, durante solo un momento; un momento que hizo que se cayera de la moto, ya que estaban tomando una curva y era una curva pronunciada; Lorena se cayó al suelo y se dio con un bordillo en la cabeza, antes de cerrar los ojos vio como Edu se chocaba con un coche rojo que huía rápidamente al ver que había derribado a un chico en una moto.

Edu despertó en una pequeña habitación azul, una habitación que tenía una cama y una mesita muy pequeña en la que tenía un ramo de flores, a su lado estaba su madre y su hermana Rocío cogida de su mano. Por una pequeña ventana se colaba la luz y de fondo se veía un pequeño cerro.

-“¿Dónde estoy Rocío?” preguntó Edu con un gran dolor en el cuerpo
- “! Edu!, ¿Estás bien, qué te duele?”
- “Rocío, ¿dónde estoy? ¿y Lorena?”
- “! Mamá, se ha despertado Edu!”
- “Hijo mío, pensé que no despertarías” dijo la madre de Edu, con la voz temblorosa.
- “Mamá, sólo recuerdo que un coche se chocó y que me caí al suelo, pero antes de todo eso Lorena se había caído, ¿dónde está ella?”
- “Edu, Lorena está en otra planta, luego si te dejan subes a verla” dijo su madre, medio llorando, mientras bajaba la cabeza
- “Mamá, ¿Qué le pasa?”
- “No lo sé hijo mío, no la he visto desde el sábado”
-“¿Pero a qué día estamos, mamá?”
- “A martes”
-“¿Y cuando la viste, cómo estaba?”
-“Edu, Lorena, estaba mal, tenía un gran golpe en la cabeza y también en la columna, pero no se sabía nada sobre seguro”

Edu rompió en llanto, se echaba las culpas de que hubiera tenido un accidente con Lorena en la moto y además ella iba sin casco, imaginó lo peor, imaginó a Lorena muerta encima de una camilla por su culpa; pero Edu no se imaginó lo que de verdad iba a ser la verdadera muerte para Lorena, y para ella no iba a ser dejar de existir, sino no ser capaz de mover un solo músculo de las extremidades inferiores de su cuerpo, por- que Lorena era una chica muy inquieta, era incapaz de estarse quieta o de estar callada, siempre tenía algo que hacer o algo que decir, incluso alguien con quien hablar.

Edu se puso a imaginar y a recordar, y recordando se acordó del día que conoció a Lorena, ella estaba trabajando en la tienda de sus tíos, cuando entró Edu y la miró, la vio muy delicada, muy pequeña para tener dieciséis años, estaba trabajando en la tienda de su tía para hacerla un favor; Edu la miraba y no era capaz de apartar la vista de su pequeño cuerpecito y de su pequeña cara completamente al descubierto, puesto que llevaba una alta coleta que bajaba por su precioso cuerpo recorriendo su espalda, cuando ella se acercó a Edu y le dijo con un precioso tono de voz “Hola, soy Lorena, ¿querías algo más aparte de mirarme constantemente?” Edu se quedó helado, no sabía qué contestar, tan solo fue capaz de decir, “Hola, yo soy Edu, y si quiero algo más, un paquete de harina y tu teléfono, si es posible” Edu recordaba su preciosa sonrisa, mientras ella le daba su telefono y le dispensaba su paquete de harina, recordaba el moviendo de sus pendientes al hablar, su pequeño ombligo descubierto por una camiseta de color negro, su voz diciéndole “Gracias, Edu, vuelve cuando quieras” mientras le guiñaba un ojo.
A partir de aquel día Edu y Lorena, empezaron a hablar y a conocerse mejor, mientras que poco a poco se iban enamorando el uno del otro. A Edu, se le rompieron todos los recuerdos cuando llegó el médico a su habitación.

- “Hola, ¿eres Eduardo?”
- “Sí, soy yo, pero mejor llámame Edu”
- “Bueno, soy el doctor que está llevando tu caso Edu, quería decirte, que gracias a Dios, estás bien, pero tienes un brazo fracturado y cada cierto tiempo tendrás que venir a hacerte revisiones para seguir controlándote por si acaso detectamos algún traumatismo en el cráneo, ¿sabes lo que te quiero decir?”
- “No sabía que tenía el brazo roto” dijo Edu, muy sorprendido, pero cuando se fijo en su brazo derecho observó que lo tenía escayolado
- “No me extraña que no te hubieras enterado, has estado dormido mucho tiempo” dijo el médico entre risas
- “Doctor, le quería preguntar por Lorena, ¿qué tal está ella?”
- “¿Quieres verla?”
- “Sí”
- “Pero Edu, a lo mejor te sorprende su aspecto, lo único que te pido es que la apoyes y que entiendas su situación”
- “¿Qué situación?”
- “¿Sabes que desde que está aquí no ha querido hablar con nadie? Echó a sus padres de la habitación, y a una amiga suya también.
- “¿Cómo?” dijo Edu muy sorprendido, lo único que él sabía es que Lorena, se sentiría mal con solo verse un rasguño, pero le resultaba muy raro que echase a sus padres o incluso a sus amigas.

Edu se cayó y se imaginó que fue Sara la chica que había ido a ver a Lorena, pero que Lorena no quisiera hablar con ella, o verla dos minutos, le resultó muy raro, rarísimo viniendo de Lorena.

Edu no sabía muy bien lo que se iba a encontrar, deseaba ver a Lorena perfecta, con su dulce carita sonriendo, pero lo que se encontró fue todo lo contrario. Llegó a una habitación como la suya, pero la diferencia es que en la habitación de Lorena no había nadie, estaba ella sola, tumbada en la cama y boca arriba, al oírle llegar Lorena giró levemente la cabeza y sonrió.

- “Hola, Edu”
- “Lorena, ¿cómo estás?”
- “Edu, me caí” dijo Lorena con un hilillo de voz
- “Ya lo sé”
- “Perdóname, por favor, por mi culpa estás así”
- “Tú eres lo más importante para mí, y no te eches las culpas de que yo esté así porque no importa como esté yo, sino como estés tú”
- “Doctor, nos podría dejar a solas, mientras se lo explico a Edu” dijo Lorena, mientras dos lágrimas caían por sus mejillas.
- “Sí, claro, pero con tacto”
Cuando el médico salió Lorena le dijo a Edu que se sentara en la cama con ella, pero Edu se sorprendió porque Lorena no se movía, seguía boca arriba, y solo se limpiaba la cara con las manos.
- “Edu, me caí y me di un golpe muy fuerte en la cabeza, me di con el bordillo y no sé como pero me di también un gran golpe en la columna, no tengo movilidad en las piernas” dijo Lorena rompiendo en llanto
- “¿Cómo que no tienes movilidad?, ¿no te puedes mover?, ¿no podrás bailar más? y tus padres ¿por qué has echado a tus padres y a Sara?
- “Edu, no me interrogues, no podré hacer nada más de eso, no quiero que nadie me vea así y tampoco me gusta que me veas tú así, vino Sara a verme y la eché, no quiero que nadie me vea así”

Edu lloró con todas sus ganas, lloró delante de Lorena, y la abrazó, la abrazó muy fuerte, como si no la hubiera visto durante meses, era incapaz de soltarla, se sentía culpable, quería desaparecer, irse del mundo, dejar de existir, pero lo que más deseaba era volver al pasado, al día 2 de noviembre, el día que había arruinado la vida de Lorena, al no llevarse el casco, al fumar con Alberto, al encender a Lorena y hacer que se disgustara, al haber dejado lisiada a la persona que más quería.

- “¿Por qué lloras, Edu?”
- “Lorena, te he estropeado la vida, perdóname, no te dejaré nunca, cuidaré de ti para siempre, nunca me iré de tu lado, perdóname” Edu solo repetía esa palabra, le pedía perdón una y mil veces, y cada vez con menos voz
- “Estás perdonado” dijo Lorena, mirando por la ventana.

A los pocos días ambos salieron del hospital y Edu y su familia llevó a Lorena a su casa; cuando llegaron sus padres estaban instalando algunas cosas necesarias para inválidos y Sara, estaba allí, con un gran ramo de flores y una tarta de fresa, que era la favorita de Lorena.

Lorena lloró muchísimo aquel día, era para ella empezar una nueva vida, una vida que comenzaba desde cero, pero la comenzaba al lado de personas que la querían y que la entendían.
La verdad es que los primeros años fueron muy duros, ella no era capaz de acostumbrarse a que cuando quería dormir o vestirse alguien la tuviera que ayudar, no aceptaba no poder ir a ciertos lugares o incluso no poder hacer muchísimas cosas que le gustaban, como bailar; pero lo que menos echaba de menos era montar en moto, a veces añoraba la sensación del viento moviendo su pelo, pero no le gustaría volver a sentir aquella sensación. Todo fue difícil, incluso el ir por la calle y que mucha gente que la conocía se parara y la preguntara “¿Qué te ha pasado?” o algo por el estilo, pero la verdad, las cosas eran mucho más fáciles, porque en cada una de esas situaciones tenía a Edu al lado, y sabía que él nunca se iría.

Edu por su parte seguía sintiéndose culpable, cada noche antes de dormir rezaba a Dios, para que Lorena volviera a recuperar su movilidad, y aunque ella hacía algún que otro progreso, los médicos creían que nunca volvería a andar. Había sentido deseos de quitarse la vida o incluso desaparecer y empezar de cero en otro sitio, olvidar todo, y no volver a mirar al pasado nunca más, pero día a día se olvidaba cada vez más de esas ideas, cada vez que miraba a Lorena sabía que nunca se perdonaría lo que le pasó por su culpa, y aunque ella le había dicho una y mil que lo perdonaba, Edu sabía que tenía una promesa con ella, sabía que no la podía dejar, porque era la persona más perfecta que conocía, la que le daba ánimos para continuar, y la única que era capaz de quitarle todo el sufrimiento con solo una sonrisa.
Aún así, el seguía atormentándose con la moto, la veía día a día en su garaje, y estaba dispuesto a quemarla, venderla o incluso regarla, pero no era capaz de hacer nada de eso, porque sabía que si lo hacía, tiraría atrás parte de su vida, de su adolescencia y tiraría el objeto que había hecho que la persona a la que más quería, ahora estuviese en una silla de ruedas.

Laura Triguero (3º B ESO)
Tercer premio. Prosa.


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