En busca de la isla perdida

En Nueva York se necesitaba algún acontecimiento importante, ya que no había pasado nada desde el ataque de King Kong, el mono o gorila gigante. Y no había turismo, por lo aburrido que resultaba.

Entonces, el presidente de Nueva York organizó una expedición al mar para buscar una nueva isla que no se hubiera encontrado ya, cosa muy difícil.

Puerto de Nueva York, 30 de noviembre 1980.

Se han necesitado 25 días para preparar la expedición y por fin van a partir y están terminando de subir las mercancías al barco.

Da la casualidad de que en ese preciso momento unos niños estaban jugando al escondite cerca de allí y uno de ellos se escondió en las mercancías y sin darse cuenta se quedó dormido.

Cuando se despertó se encontraba en un barco, salió cuidadosamente de las mercancías, se apoyó en la barandilla del barco y se asomó, no se veía la orilla, ya que se encontraban en mar abierto. Entonces una mano le tocó el hombro y se dio la vuelta. Era uno de los hombres de la tripulación y le dijo:

-Tú, niño, ¿qué haces aquí?

-Yo...estaba jugando al escondite con unos amigos míos, me quedé dormido y cuando me desperté estaba aquí.

-Bueno... ¿cómo te llamas?

-Me...me...me llamo...me llamo Raúl, señor -dijo tartamudeando.

-Bueno, Raúl, ve a hablar con el capitán, ¿vale?

-!!!Vale, señor!!!

El hombre condujo a Raúl por unas escaleras, abrió una puerta y prosiguió por un pasillo en línea recta, al final de este había una gran puerta en la que ponía “puente de mando”. El hombre llamó a la puerta y dijo:

-Capitán, ¿tiene un momento?

-Adelante.

Cuando entraron, Raúl pudo ver un mapa, una bola del mundo, muchos botones y palancas, una enorme silla y a un hombre con bigote. Entonces el capitán dijo:

-¿Quién es este niño? ¿Cómo ha subido al barco?

El hombre se puso tieso, y le dijo:

-Este niño se llama Raúl, y me lo he encontrado en las mercancías. Me pregunto si se puede quedar con nosotros.

-Bueno, si no molesta, se podrá quedar, pero te lo dejo a tu cargo, Janes.

-Sí señor, no se preocupe, señor.

Entonces el hombre y Raúl salieron del puente de mando y se dirigieron a la parte delantera del barco. Y de repente se oyó:

-¡Tierra a la vista!

Los hombres se asomaron a la barandilla y vieron una gran isla. El capitán salió con el mapa y comprobó que no figuraba en él y dijo:

- Esto es lo que estábamos buscando.

Todos los hombres del barco gritaron de alegría. El capitán dijo:

- Desembarcaremos aquí y empezaremos a rastrear la isla al amanecer.

Establecieron un campamento y a la mañana siguiente todos se levantaron a rastrear la zona.

Estuvieron 2 horas buscando, pero no encontraron nada especial. Cuando de repente, vieron una gran sombra. Miraron en todas direcciones, pero no veían nada tan grande como la sombra, así que siguieron adelante y, entonces una larga lengua atrapó a Raúl. El hombre que se hacía cargo de él, sacó una espada y cortó la lengua. Apareció un monstruo gigante, medio camaleón y medio abeja. El capitán sacó una pistola y disparó entre los dos ojos al monstruo, el monstruo cayó muerto. El capitán sacó un cuchillo y abrió un poco al monstruo para recoger sangre. Mientras el capitán hacía eso, Raúl hablaba con su salvador diciéndole:

-Gracias señor, por cierto, ¿cómo se llama usted?

-Me llamo Janes, pero llámame Jon.

-Bueno, pues gracias Jon, por salvarme la vida.

-De nada.

Cuando el capitán terminó de tomar muestras, prosiguieron la marcha.

Cuanto más avanzaban, las plantas se volvían mas extrañas, hasta llegar al punto de poder caminar y moverse por sí solas. Tuvieron que recoger muestras de todo lo extraño, imposible o no descubierto, para llevárselo a los laboratorios de Nueva York para saber más sobre ellos.

Al final de un bosque, con árboles muy extraños y peligrosos, se encontraron a otro monstruo, parecido a un dinosaurio. Pero tenía algo extraño, no era un dinosaurio. Al ver que comía plantas y que era inofensivo, auque grande, sacaron una jeringuilla simplemente para tomar las muestras de sangre. El capitán se acercó lentamente, seguido por Jon, que a su vez estaba seguido por Raúl y detrás de él, estaba el resto de la tripulación. Cuando el ser se dio cuenta de que algo se le estaba acercando por detrás, se dio la vuelta y pegó un chillido, que más bien parecía el pitido de un silbato, ya que se sentía amenazado, y le salieron tres colas de la espalda: una con pinchos, otra como si fuese una maza y la otra era como unas tijeras y las empezó a agitar para avisar de que se fuesen, pero nadie, excepto la tripulación, se fue. De repente, una segunda cabeza salió del cuello del ser, ésta tenía los dientes curvos, que significaba que era carnívoro. El capitán se echó hacia atrás y sacó una espada, se la clavó en el lomo al ser, y le hizo perder la vida. El capitán se guardó la jeringuilla y sacó el cuchillo para tomar otra vez muestras e irse a su casa. Cuando terminó dijo:

-Todo el mundo al barco, volvemos a casa.

Todos dieron un grito de alegría y volvieron al barco.

Puerto de Nueva York, 25 de diciembre 1980.

Todos volvieron justo a tiempo para Navidad. ESTABAN TODOS MUY FELICES. Y en cuanto las muestras se llevaron al laboratorio, se hicieron clones de los seres y se disecaron y se llevaron al museo para que todo el mundo pudiera ver esas maravillas del mundo. Después de esto, Nueva York volvió a tener mucho turismo durante unos 30 años, es decir, hasta que ya se dejó de hablar de ello y se empezó a olvidar.

Raúl Gómez (1ºA ESO)

Segundo premio. Prosa.


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